Crónicas de un puente pionero
La pasarela del Cabo, cuya pervivencia defiende un colectivo de vecinos, fue la primera de la ciudad y centro de contrabando

El puente del Cabo visto desde abajo muestra el hierro forjado que lo conforma y que le ha proporcionado una mayor resistencia frente al paso del tiempo. / jose luis gonzález
Durante el siglo XVIII, el barranco de Santos que transcurre bajo el puente del Cabo fue utilizado como vía de contrabando. Hasta la altura de esta histórica estructura llegaban los veleros procedentes de África cargados con todo tipo de productos que demandaba la Isla. Los navegantes aprovechaban la situación para colarse por una galera que unía el barranco con la actual farmacia de La Concepción. A través de un estrecho y oscuro pasillo, los niños se introducían en la guarida y realizaban la distribución de todo tipo de productos como cacao y madera. En ocasiones, también se empleaba este habitáculo para introducir esclavos a los que luego se les daba por muertos. Éstos son tan sólo algunos de tantos relatos de los que han acontecido en torno a esta histórica estructura.
El puente del Cabo ha tenido que batallar contra temporales de todo tipo. Desde que la construcción era tan solo una pequeña pasarela alrededor del año 1500, posiblemente realizada con troncos y destinada al paso de caballos y transeúntes, ha suscitado numerosas polémicas y vicisitudes con respecto a su existencia. La última, la decisión del Ayuntamiento de sustituirlo por otro y la defensa que de él hace un colectivo de vecinos por tratarse del primer puente de la historia de Santa Cruz.
Este punto de paso sucumbió, en más de una ocasión, a las fuerzas de la naturaleza que en forma de lluvias torrenciales se llevaron a la estructura barranco abajo, como si de una barca se tratase. Es por eso que se decidió cambiar el antiguo material de madera por el de hierro. En 1893, la pasarela se realiza con un componente más resistente a base de hierro de eiffel, material que reviste la popular torre Eiffel de París. Por aquel entonces, el precio de la obra fue de 25.000 pesetas y tuvo que personarse un ingeniero procedente de Barcelona.
Desde que se tuvo constancia de la primera construcción de la estructura han transcurrido seis siglos, aunque este armazón continúa desatando la discordia entre muchos. Pero parece como si se resistiera a desaparecer y se agarrara al paso del tiempo a pesar de lo que expongan los políticos y expertos sobre su posible derribo. Ahora, el destino del puente pende de un fino hilo ya que la Concejalía de Patrimonio del Ayuntamiento ha mostrado su inclinación a favor de que se derribe y se haga otro más acorde con el presente. La propia concejal de este área, Maribel Oñate, dijo a este diario que la plataforma “no tiene ningún valor y está podrido”. Esto es algo que choca con las declaraciones de historiadores y expertos en urbanismo, como es el caso del investigador y miembro de la tertulia XXV de Julio, Luis Cola, quien afirma que posee “un alto valor en cuanto a su patrimonio histórico se refiere”. Según el estudioso, fue el primer camino que se construyó para acceder al interior de la Isla. “Durante 260 años, fue la única senda que existió para comunicar Tenerife”, explica. Es anterior al puente Zurita, que data de 1754.



