GUSTAVO CATALÁN cargados de historia, con una solidez a prueba de siglos y otros que parecen levitar. De los lisboetas sobre el o el Khaju, en Isfahan y provisto de dos pabellones centrales para descanso de los monarcas, al de Brooklyn o el Golden Gate; del Karlos en al de cual gaviota o al de la Perla en Japón, con el marchamo de ser el colgante más largo del mundo.

para admirar desde lejos: el de la Torre de o el de los Suspiros, de antiguos reos y hoy para enamorados. Algunos privilegiados por el entorno (el Gálata sobre el Cuerno de Oro, el Des Arts sobre el …) mientras otros se resumen en sí mismos como el Vecchio de Florencia, repleto de joyeros tras ser desterrados de sus inmediaciones los “oficios viles”. O el de Las Cadenas, en Budapest. Los todos, si tienen entidad, producen una extraña fascinación y pueden inspirar desde páginas literarias al modo de morir o un rato de placer sin parangón. Recuerden a Ivo Andric y su sobre el Drina, río que establece la frontera entre Bosnia y Serbia. Szymborska o Arthur Miller apelaron al para titular alguna de sus obras y, desde un , se arrojó al Paul Celan y al Duina Ángel Ganivet. Por lo que hace al placer, el que yo mismo obtuve bajo el de Amarapura en Birmania, cerca de Mandalay. Un de teca cuyo constructor fue ejecutado por el rey al carecer del preceptivo permiso aunque, afortunadamente, no fue demolido. El lago que cruza se seca en verano, y unas tortas de camarones regadas con agua de coco, entre sus pilastras, alegran la boca y el corazón.

Sin embargo, otros abocan a la tristeza. A los sin agua les han robado el futuro y es que un sin río, sin lago, tiene algo de anciano que carga una soledad vacía de expectativas. El lecho seco, otrora su espejo, lo aboca a una existencia mortecina, a la frustración por una jubilación sin alternativa siquiera por la extinción, y ésa su nostalgia por lo que pudo ser, créanme que la trasmiten cuando se contemplan desde abajo, que es como el ingeniero Fernández Ordóñez aconsejaba admirarlos. Es precisamente lo que sentí hace unas semanas en Valencia, paseante por el antiguo cauce del Turia hoy desecado, convertido en arbolado bulevar y espacio para exposiciones y canchas deportivas. El de Serranos, del siglo XVI y junto a la torre del mismo nombre, se ensimisma mientras contempla atónito sus pies en seco, y es que lo del a la alameda, en boca de María Dolores Pradera, no rezaba con él; no de esta forma o no se lo advirtieron a él ni a sus hermanos: el del Real, la Calatrava o el de las Flores, actualmente humillados frente a los ultramodernos que les siguen de camino hacia el Museo de las Ciencias.

Los nos han acompañado desde tiempos inmemoriales, facilitado la convivencia y enriquecido el lenguaje con su inequívoca simbología. Un destruido, sea por la violencia humana o de los elementos desatados, es exponente del desastre sin mesura aunque, en contrapartida, pueden tenderse sobre el abismo, por encima de antagonismos y, a enemigo que huye, de plata. Para el entendimiento personal o entre culturas nada mejor que el , y su defensa ha jalonado la historia de muchos pueblos. También se puede dormir bajo uno de ellos como último refugio, puentear al coñazo de turno, para los niños pues sur le pont de´Avignon, y del cualquier fin de semana qué les voy a contar. Sin olvidar el de los dientes y que fue en su día motivo de reflexión en esta columna.

para la alegría del reencuentro aunque, siquiera como excepción, haya alguno prescindible y me refiero al de Allenby, un policial que debe cruzarse para entrar a Israel desde Jordania. Algunos para que los amantes prendan candados en prueba de su eterna pasión ( Uzubio, en Lituania) o, llevados al cine, recuerden el sobre el río Kwai, construido por prisioneros británicos en ocho meses y volado en segundos. El dominio del hombre sobre su entorno (inquietante, por cierto, vistos algunos resultados) se hará patente una vez más en el proyectado sobre el estrecho de Messina y, fruto de mi atracción por ellos, no puedo resistirme a recomendarles algún otro: el Firth of Forth, cerca de Edimburgo, o los de Hamburgo entre muchos más que, en eso confío, me aguardan inmutables en años venideros y sobre el agua, quiero creer.

Tal la seducción por los desde mis años mozos, que llegué a confiar en Los tres Sudamericanos por si pudiera suceder que construyeran un desde Valencia hasta Mallorca / sin necesidad de tomar el barco o el avión. Aunque bien pensado, mejor lo dejamos. No fueran a venirse, aprovechando tanta facilidad, los de la trama Gürtel. Siquiera por empatía con sus innumerables colegas de acá y, para esos mimbres, ya nos sobramos solos.

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Puente Infante Dom Henrique

Puente del Infante Don Henrique, Oporto

del Infante Don Henrique,

Ponte Infante Dom Henrique / Infante Dom Henrique

, (1997 -2002)

Río Duero, .

Ingenieros Antonio Adão da Fonseca, José Antonio Fernández Ordóñez, Francisco Millanes Mato 

arco, pórtico, de hormigón

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Puente de Arrabida

de Arrabida,

Ponte de Arrabida / de Arrabida

, (1957 – 1963)

Río Duero, .

Edgar António de Mesquita Cardoso

arco, de hormigón

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Puente de María Pía

Puente María Pía, Oporto

María Pía,

Ponte de Maria Pia / de María Pía

, (1876 – 1877)

Río Duero, .

Théophile Seyring, Gustave Eiffel, Manuel Afonso de Espregueira, Pedro Ignacio López

arco, de hierro

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Puente de Don Luis I

Ponte de Dom Luís, Ponte Luís I, Oporto

Ponte de Dom Luís, Ponte Luís I,

Ponte de Dom Luís I /  de Don Luis I

, (1886)

Río Duero, rio Douro. ,

Ingeniero Thèophile Seyring

de acero, en arco

 

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