El de , uno de los principales símbolos de , se va a someter a una renovación de 500 millones de dólares que se prolongará por cuatro años y que le permitirá lucir un nuevo lustre cuando ya haya cumplido los 130 años.

Así lo anunció en el vicepresidente de , Joe Biden, junto al alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, en un acto en el que se dio el pistoletazo de salida a las reparaciones.

El famoso de más de 1.800 metros de longitud, todo un emblema de la ciudad desde hace 127 años, verá cómo se reparan y pintan sus estructuras.

De los 500 millones de dólares que se prevé invertir en este proyecto, 30 millones proceden de fondos federales puestos a disposición de localidades del país para impulsar la recuperación económica a través de la inversión en infraestructuras.

El fotogénico que se levanta sobre el se abrió al público en mayo de 1883 después de trece años de obras y una inversión de unos quince millones de dólares. En la actualidad lo atraviesan cada día cerca de 120.000 vehículos y miles de ciudadanos y turistas.

El de -pionero en conectar la isla de con el vecino barrio de - es mundialmente conocido por sus cables de acero entrelazados, pues fue el primero que se construyó con esta técnica, que ahora resulta todo un derroche de ese preciado material, pero que le dio una resistencia inusitada para la época.

Leer el resto de la entrada

El nervio del puente de Brooklyn

Un paseo indispensable para captar la esencia de

Contrafuertes de piedra y una lírica catenaria de cables de acero. El crítico de arte comparó esta grandiosa obra de ingeniería con una torre Eiffel horizontal, a la que precedió en seis años.

No sé por qué, 2004 ha sido el año que más puentes he atravesado. Crucé el Moldava por el de Carlos. Crucé el Neva por el de la Trinidad. Crucé el Danubio por el de los Leones. Crucé el Moscova por el Novoarbatski. Crucé el Sava por el de Branko. Crucé el Tíber por el Ponte Sant’Angelo. Crucé el Sena por el Mirabeau. Crucé los puentes de hierro oxidado sobre el inmenso Paraná, en Gualeguaychu, y el no menos caudaloso río Santa Lucía a la entrada del antiguo Montevideo.

Y ahora estoy atravesando el por el de . ¿Cuál de ellos será el de mis sueños? Aún me quedan otros muchos puentes y ríos por transitar. El verano está agónico, pero se prolonga en la luz del atardecer. Dejamos atrás y vamos hacia pisando los tablones de madera del paso de peatones. Está a unos seis metros por encima del asfalto, rodado permanentemente por infinidad de automóviles. Desde aquí un suicida no podría alcanzar las aguas benéficas, sino que se estrellaría sobre los capós. Alcanzaría entonces una muerte más burda, menos heroica. ¿Qué pensarían Houdini o Robert Odlum? Este último fue el primero en saltar desde el . No lo hizo por ninguna causa justa, sino tan sólo por ganar una apuesta. La ganó, pero apenas tuvo tiempo para disfrutarla, pues a las pocas horas de llevar a cabo esta calculada proeza, murió repentinamente. Era mayo de 1885. El colgante, diseñado por , llevaba ya dos años funcionando.

Desde el paso elevado, los peatones que vamos siendo rebasados por los corredores y ciclistas tenemos más a mano toda la compleja nervadura. Sentado en uno de los bancos, colocados a cada poco, observo los cables inclinados y los cables verticales de suspensión sosteniendo las vigas del tablero. Estoy inmóvil en el aire, a mitad de camino entre y . El a mis pies: denso, deshabitado, sin fluir. Los dobles arcos neogóticos de despidiéndome, esperándome los de . Esta mitad del camino, este poder elegir entre continuar o regresar, esta tierra de nadie en medio del aire es, como escribió Whitman, la mejor medicina para el alma.

Columbia Heights

El alemán Roebling proyectó el . Un barco le aplastó un pie y murió gangrenado. Su hijo Washington continuó la obra. Contrajo la enfermedad del buzo y quedó parcialmente paralizado. Lo ayudó desde entonces su mujer. Él dirigió las obras asomado a una ventana del número 110 de Columbia Heights. Hart Crane, a quien se le debe la mitología literaria de esta gran obra de ingeniería, vivió años después en el mismo inmueble. “Cada vez que uno mira desde el puerto la línea del cielo de que cruza el río, es bastante diferente”. La casa no existe. Fue sustituida por un elegante edificio de apartamentos. Da al río y conserva la vista del en toda su grandeza. Después de vivir en este lugar durante el año 1924, tras finalizar el largo poema épico titulado El , en 1929, Crane viajó a México. Al retornar se suicidó lanzándose por la borda de El Orizaba a las aguas del golfo de México, en abril de 1932. de la alegría y del dolor. La madre del poeta pidió ser incinerada y sus cenizas fueron arrojadas al desde el de . Crane, por su parte, cuando murió, apenas contaba con 33 años, la mayor parte de los cuales los vivió como un borracho crónico. Así describió en estos versos al mito moderno de la técnica y la máquina: “Arpa y altar, trenzados por la furia. / ¡Cómo pudo el esfuerzo alinear tus cuerdas!, / terrorífico umbral y prenda del profeta, / oración de los parias y gemido de amante…”. Trabajaron durante 16 años para levantarlo más de medio millar de obreros. Muchos de ellos perdieron la vida.

Leer el resto de la entrada